Mientras más avanza el año, más me doy cuenta de que se me acaba el tiempo. No de vacaciones, ni siquiera el tiempo de ocio es tan importante. Sino el tiempo para lograr lo que
yo quiero, para lograr tener el futuro que sé que es mío y que es el único en el que voy a ser feliz. ¿Cómo lo sé? Sencillo: Cada vez que me preguntan que voy a hacer con mi vida, sé que esperan que suelte el meollo de la universidad, las carreras que me gustan, y blablabla. Pero yo no respondo, solamente asiento con la cabeza. Porque sé que si digo lo que quiero hacer, lo que
quiero ser, me tacharían de ridícula. De soñadora empedernida, quizá hasta de estúpida. Sé que se reirían, aunque quizá no todos. Pero estoy segura -y pondría las manos en el fuego sin pensarlo- que la gran mayoría
sí que lo haría.
Pero es que sé que es lo que quiero. Lo tengo claro, lo he sabido desde niña. Y si lo analizo, lo único para lo que soy realmente buena, es ésto. Cuando estoy
ahí, con un puñetero foco señalándome y una canción sonando en mi cabeza como un tic nervioso, siento que encajo- Que estoy donde pertenezco, que no importa lo que pase, puedo hacer lo que quiera y crear ahí un sitio donde nadie pueda vencerme. Donde soy, de hecho, invencible. Nadie puede tocarme, y al mismo tiempo, soy más accesible de lo que he sido o podré llegar a ser. ¿Has oído hablar del éxtasis? Yo lo siento, en su esencia más pura y simple, cuando estoy ahí. No lo he sentido desde hace tanto... Y cada vez que voy a un concierto, que voy a una presentación, no puedo evitar sentir celos por un largo rato de quien esté arriba, sin importar la felicidad o adrenalina que me invada por ver a mi artista favorito en escena. Incluso los sentí cuando vi a Gerard. Y Dios sabe que en ningún concierto he sido más feliz, por así decirlo. Quise ser él, quise ser yo quien moviera las manos animando a un grupo de obsesas locas. Quise ser yo quien se sintiera capaz de todo.
Desde hace tiempo he sabido que tengo que hacerlo yo. Soñé por demasiados años que un día, de milagro, todo se volvía realidad de golpe. Pero nunca ha sucedido, hasta ahora. Puedo asegurar que lo he deseado en cada cumpleaños, en cada estrella fugaz que he visto, en cada moneda que he lanzado a una fuente. Pero, para ser honesta, nunca creí que fuese a lograr algún progreso con eso. Supongo que el escepticismo influyó. Pero, a medida que iba creciendo, me daba cuenta de que nadie iba a hacer nada por mí. Yo tenía que hacerlo por mi propia cuenta. Y así lo haré, que eso no lo dude nadie. Así termine cantando en antros de mala muerte o en arenas alrededor del mundo: Voy a ser feliz, porque voy a estar haciendo lo que me gusta y lo que se me da mejor. Y me pueden llamar loca si les da la gana- Que yo sé que estudiar psicología y estar atada a un consultorio el resto de mi vida no me va a
hacer feliz. Estudiar diseño gráfico y diseñar webs y demases no me va a
hacer feliz. Escribir libros no me va a
hacer feliz.
En cambio, cuando estoy ahí, con el micrófono entre las manos, nadie tiene que hacerme feliz. Ya lo
soy.
Y aunque me tome toda la vida, lo voy a hacer.
Aquí es la parte en la que te ríes.
Y aquí, es la parte en la que yo sonrío. Ahora, va
en serio.